Archive for the Experiencias personales Category

Te recomiendo el MBE Master in Business Entrepreneurship

Hace poco, un amigo me preguntó si coleccionaba los masters. Sólo tengo 2, el Executive MBA del Instituto de Empresa, que hice en 2004, y ahora estoy terminando el MBE Master in Business Entrepreneurship de la UPM.
Ambas experiencias han sido fundamentales para mí, para crecer como persona y como profesional y te la recomiendo. ¿Cómo elegir la que más se puede adaptar a ti?
Depende:

  • ¿Quieres ser un directivo en una empresa grande / multinacional? Haz un MBA.
  • ¿Tienes una idea (o muchas) para crear una empresa pero no te decides? ¿Lo has intentado y no te ha salido bien? ¿Quieres explorar formas diferentes de utilizar tus talentos? No lo dudes, haz el MBE de la UPM.
Si tienes dudas, contacta conmigo y te cuento mi experiencia. Entre tanto, puedes ver mi vídeo y también el de mis compañeros.

Eduardo de Porras – Alumno de Master MBE from Máster MBE para Emprendedores on Vimeo.

Comprendiendo a los inversores con Luis Martín Cabiedes

El pasado viernes 18 de noviembre, tuvimos la suerte de contar con Luis Martín Cabiedes en el Master in Business Entrepreneurship (MBE), que compartió con nosotros 2 horas en una sesión abierta de preguntas y respuestas.

Había escuchado en repetidas ocasiones la importancia de conocer al inversor antes de presentarle un proyecto, pero hasta ayer no interioricé exactamente lo que eso significaba.

Luis nos explicó que él solía invertir en torno a 200.00€ en una fase inicial, pero lo importante es que si la empresa sobrevivía, invertía en torno a 1 millón de euros posteriormente, con el objetivo de que su valor se multiplicase por 5 en los siguientes 4-7 años.

Por tanto, una empresa que no necesitara una 2ª ronda de inversión, no es especialmente atractiva para él, aunque pueda ser muy rentable.

Algunos bancos no necesitan clientes que paguen comisiones

Ya me habían dicho que el proceso de crear una empresa era muy interesante, pero no me imaginaba que en época de crisis, los bancos desdeñaban a los clientes que pagan. Sí, porque un particular no suele pagar comisiones, pero una empresa puede pagar 39€ de comisión anual por cuenta corriente, más 80€ anuales por tarjeta de crédito, más 3€ por cada transferencia que realice, más…

Soy cliente particular de banca electrónica desde hace unos 15 años, cuando descubrí que era la solución a los habituales paseos a la oficina para evitar que me aplicaran una comisión que me habían prometido que no me iban a cobrar. Así que desde hace años, solo voy a una oficina para realizar ingresos y retiradas de efectivo superiores al límite del cajero.

Aprovechando una de estas ocasiones, pregunté en la oficina por las comisiones de las cuentas de empresa. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me dijeron que no me podían facilitar esa información porque yo era cliente de la oficina electrónica. Nunca había visto que la web del banco ofreciera directamente servicios a empresas, pero llamé para confirmarlo. Como no podían ofrecer servicios a empresas, me redirigieron a la sucursal, a quien previamente le enviaron una autorización. Si yo hubiera sido el empleado de la sucursal, o sabría los servicios que podía ofrecer, o hubiera llamado para confirmar este caso excepcional: “aquí hay un loco, cliente de banca electrónica, que quiere crear una empresa, ¿le puedo abrir la cuenta y empezar a cobrar comisiones?”.

Cuando me dirigí de nuevo a la oficina, nadie me preguntó quién era, ni qué quería hacer, ni qué iba a necesitar. De hecho me redirigieron a la web para ver las tarifas estándar y ante mi insistencia, me las leyeron y me indicaron que la oficina no tenía potestad para cambiar ninguna tarifa. También me indicaron que no me iban a conceder una tarjeta de crédito inicialmente. Por supuesto, tampoco se molestaron en ningún momento en mirar mi histórico con el banco.

Tras constatar la falta de interés en mis necesidades, entré en la sucursal bancaria de al lado, de la que tampoco había sido cliente anteriormente, y también demostraron un interés nulo.

Entonces, me acordé de lo bien que me había tratado el gestor de cuentas de Bankinter en la empresa anterior en la que estuve trabajando, y le llamé por teléfono. Desgraciadamente, no se podía ocupar de una cuenta tan pequeña como la mía, pero me puso en contacto con una compañera suya unos días más tarde, que me atendió de maravilla.

Como no podía esperar, entré en la tercera oficina, la del Banco Santander, que resultó ser una oficina de empresas. Me preguntaron por mis planes, por mis necesidades y me hicieron los papeleos en el momento y me ofrecieron 6 meses sin comisiones para conocernos. En un rato, tenía el certificado del depósito y vía libre para continuar mis gestiones.

El único pero es que no sabían que en 2009 modificaron la cantidad mínima de aportación de 3.006€ a 3.000€, por lo que gracias a su ayuda, el capital social de mi empresa es 3.006€ y el notario tuvo que usar la calculadora.