Ya me habían dicho que el proceso de crear una empresa era muy interesante, pero no me imaginaba que en época de crisis, los bancos desdeñaban a los clientes que pagan. Sí, porque un particular no suele pagar comisiones, pero una empresa puede pagar 39€ de comisión anual por cuenta corriente, más 80€ anuales por tarjeta de crédito, más 3€ por cada transferencia que realice, más…
Soy cliente particular de banca electrónica desde hace unos 15 años, cuando descubrí que era la solución a los habituales paseos a la oficina para evitar que me aplicaran una comisión que me habían prometido que no me iban a cobrar. Así que desde hace años, solo voy a una oficina para realizar ingresos y retiradas de efectivo superiores al límite del cajero.
Aprovechando una de estas ocasiones, pregunté en la oficina por las comisiones de las cuentas de empresa. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me dijeron que no me podían facilitar esa información porque yo era cliente de la oficina electrónica. Nunca había visto que la web del banco ofreciera directamente servicios a empresas, pero llamé para confirmarlo. Como no podían ofrecer servicios a empresas, me redirigieron a la sucursal, a quien previamente le enviaron una autorización. Si yo hubiera sido el empleado de la sucursal, o sabría los servicios que podía ofrecer, o hubiera llamado para confirmar este caso excepcional: “aquí hay un loco, cliente de banca electrónica, que quiere crear una empresa, ¿le puedo abrir la cuenta y empezar a cobrar comisiones?”.
Cuando me dirigí de nuevo a la oficina, nadie me preguntó quién era, ni qué quería hacer, ni qué iba a necesitar. De hecho me redirigieron a la web para ver las tarifas estándar y ante mi insistencia, me las leyeron y me indicaron que la oficina no tenía potestad para cambiar ninguna tarifa. También me indicaron que no me iban a conceder una tarjeta de crédito inicialmente. Por supuesto, tampoco se molestaron en ningún momento en mirar mi histórico con el banco.
Tras constatar la falta de interés en mis necesidades, entré en la sucursal bancaria de al lado, de la que tampoco había sido cliente anteriormente, y también demostraron un interés nulo.
Entonces, me acordé de lo bien que me había tratado el gestor de cuentas de Bankinter en la empresa anterior en la que estuve trabajando, y le llamé por teléfono. Desgraciadamente, no se podía ocupar de una cuenta tan pequeña como la mía, pero me puso en contacto con una compañera suya unos días más tarde, que me atendió de maravilla.
Como no podía esperar, entré en la tercera oficina, la del Banco Santander, que resultó ser una oficina de empresas. Me preguntaron por mis planes, por mis necesidades y me hicieron los papeleos en el momento y me ofrecieron 6 meses sin comisiones para conocernos. En un rato, tenía el certificado del depósito y vía libre para continuar mis gestiones.
El único pero es que no sabían que en 2009 modificaron la cantidad mínima de aportación de 3.006€ a 3.000€, por lo que gracias a su ayuda, el capital social de mi empresa es 3.006€ y el notario tuvo que usar la calculadora.